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Dimecres, 18 de gener de 2006
Vale la pena levantarse un sábado a las siete y media.
Acariciar con la mirada la cáscara de algodón gris azulado, agrietándose en el renacer de nítidos y punzantes rayos del astro.
Vale la pena aplastar el pie en el asfalto de la gran ciudad para enclaustrarse en aplastante jaula de hormigón.
...
Con él, las letras abandonan su tinta, su lecho leñoso y recobran vida en un simple movimiento de brazo, en una mirada, en un grito del cuerpo, silenciado.
Sumergirse en un viaje sorprendente de mutaciones propias, con los cinco sentidos.
Con el lenguaje de sus labios y su cuerpo entero, es capaz de contagiarnos la pesadez del aire y, al instante, mostrarnos como los brazos de Atlas se ensanchan infinitamente para agarrarlo con firmeza.
"No es un simple movimiento, sinó haikus en espiral".
Cuerpos cálidos retorciéndose suavemente, roce confiado. Un crepitar de almas que se redescubren en cada contacto. Navegamos sin rumbo, sin ojos. Guiados solamente por el tacto que se sobresalta de gozo en cada brazada, en ese mar de formas invisibles. Nadamos entrelazados envueltos por olas de alientos tibios.
El último día, de sus labios salió Kafka.
Resbalaban gotas de sudor, sin apenas movernos. Gotas exhaladas por cada poro de nuestra piel con sabor dulce, amargo, picante, también insípido. Gotas esparcidas por el impulso de un abanico abierto sin avisar, con todas las gamas de colores guardados recelosamente en nuestra paleta de sentimientos. Placer, odio, paz, rabia, explosión, contracción...mutación constante.
Cuando asisto a sus pocas clases, intento contagiarme al máximo, pero soy consciente de que algo se me pierde por el camino de vuelta, de tan llena que está la mochila...
Quizás algunos pongan una mirada de "vaya, un bailarín loco..! qué cosas dice..!". Pero también somos muchos los que pensamos que ha valido la pena levantarse temprano.
Quizás yo también esté un poco loca...
...
Pero no por estar loca me olvidaré hoy de Rubén Darío.
Querido poeta, que renazcas eternamente...
LA BAILARINA DE LOS PIES DESNUDOS
Iba en paso rítmico y felino
a avances dulces, ágiles o rudos,
con algo de animal y de divino
la bailarina de los pies desnudos.
Su falda era la falda de las rosas,
en sus pechos había dos escudos.
Constelada de casos y de cosas...
La bailarina de los pies desnudos.
Bajaban mil deleites de los senos
hacia la perla hundida del ombligo,
e indicaban propósitos obscenos
azúcares de fresa y miel de higo.
A un lado de la silla gestatoria
estaban mis bufones y mis mudos...
¡Y era toda Selene y Anactoria
la bailarina de los pies desnudos!
Por: marina | General | Comentarios (1) | Referencias (0)