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Dilluns, 12 de desembre de 2005
Hace un par de días volví a escuchar aquellas sabias palabras: "la música, medicina del alma".
Pocas palabras, pero que encierran muchas reflexiones.
A raíz de un comentario de L., me puse a pensar en ello.
Mira Marina, el otro día le estuve dando vueltas a esa frase tan simple y tan profunda.
Había asistido a un cursillo de fin de semana acerca de las músicas del Mediterráneo. Aparte de llegar a la conclusión de que era una analfabeta en mayúsculas, algo me pude llevar de ahí. Una preciosa canción sefardí.
Fue un regalo maravilloso, y muy frágil, pues me la enseñaron oralmente, sin ningún soporte escrito o partitura.
Aunque era ya de noche y estaba cansada, mi mente iba repitiendo la canción a lo largo del camino. Tenía el propósito de grabarla al llegar a casa.
Y he aquí, cuando aparece la "medicina" en cuestión.
Subo al tren.
Arrancamos y... estalla la tempestad veraniega de Vivaldi. Sí. Estalló, porque nunca la había escuchado tan fuerte (a las diez y media de un domingo los de renfe se pasaron, y mucho!).
El violín se convirtió en un gusano maléfico que perforaba mi oído a medida que la progresión subía de tono.
Evidentemente mi mente intentó no dejarse vencer por el gran maestro veneciano y reaccionó con alarma empezando a cantar hacia sus adentros ("Si verías al ratón, asintado en el cantón...un-dos-tres-,un-dos,un-dos, un-dos...).
Los pitidos que anuncian la siguiente estación (de tren) eran regalos del cielo.
La Danza del fuego hizo subir el termómetro del Verano barroco, pero, aún siendo más próxima, era imposible aguantarlo más tiempo.
Desistí.
Me rendí finalmente a Dvorák y me sumergí en su nuevo mundo.
No podía mantener una lucha entre Oriente y Occidente.
Confié en mi memoria y en la capacidad de contener en el mismo espacio mental esos dos universos. Si los sefardíes lo habían hecho, ¿por qué yo no?
Igual que ellos, aquella noche, me enfrenté con un elemento: la transmisión oral. Un "peligro", y al mismo tiempo, una gran fuente de diversidad y riqueza.
Al bajar del tren salió lo que salíó. Una incógnita. ¿Sería idéntico a lo aprendido una horas antes? A saber...
L. me enseñó con paciencia la canción, y después hablamos de esa "medicina".
Cabe preguntarse en qué momentos la misma música pasa de ser una medicina a ser una tortura, hablando claro.
¿Cuáles són las manos que administran ese brebaje?
Si tiene que sanar el alma, ¿No es mejor conocer el terreno sobre el cual tendremos que trabajar?
Es decir, ¿No sería mejor adentrar-nos en nosotros mismos para averiguar qué música quiere nuestra alma?
Y, claro está: conocernos a nosotros mismos es una larga excursión que nos puede mostrar paisajes que no gusten a nuestros ojos... (pero, ahí permanecen pase lo que pase...)
...
Luego, fuimos sacando otros temas, como por ejemplo, el asesoramiento técnico a nivel de musicoterapeutas, psicólogos...etc. que tienen los grandes hipermercados para incrementar sus ventas, a partir de la música ambiental. Pero eso, ya es otro cantar...
Dejádme en mi cantar de esos días... "Si verías al ratón..."
Por: marina | General | Comentarios (2) | Referencias (0)
No estic ben segur de fins a quin punt algú pot saber quina música li cal a la teua ànima, o a la teua ment o al teu cor. Si entenc la música com un àpat ck puc entendre un silenci balsàmic que t'arriba de sobte. A cada moment del dia una o altra música et sorpren i et plena sense haver pensat que eixa és la música que necessitaves. De vegades en algun moment m'he posat música que creia que m'aniria bé en aquest moment perquè he gaudit amb ella en altres i l'efecte ha sigut ben bé al contrari. No cerc que hagem de buscar la musica per a cad moment sino deixar que siga ella la que ens trobe, al cap i ala fi viure no deixa de ser una música d'acords sorprenents :)
joan | 13-12-2005 14:34:54
No sabes hasta que punto te comprendo, Marina. A mí me pasó algo parecido con el Cannon de Pachelbel cuando iba de Barcelona a Tarragona en tren, y luchaba como una jabata por concentrarme en mi lectura de "Los Pilares de la Tierra", libro que curiosamente, por una causa u otra siempre se me atraganta, con todos mis respetos, y no me cuesta decirlo... tiene pasajes verdaderamente pesados. El problema, el mismo, el desorbitado volumen que al parecer RENFE decide que es el correcto. ¿Correcto para qué? ¿Para dar un brinco de tu asiento cuando arranca el tren y este te pilla desprevenida? ¿Para que huya el libro por la ventana o se esconda directamente bajo el asiento?
No es ni más ni menos, una forma como otra cualquiera de maltratar la música y de maltratar los oídos de quien seguramente hasta ese momento la amaba, y a partir del cual... casi cruza los dedos cada vez que escucha las primeras notas de la melodía.
Un beso.
Solvvinge
PD. Gracias de nuevo por tu visita ;)
Solvvinge | 17-12-2005 22:18:29